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domingo, 4 de septiembre de 2011
Capítulo 21: No es tan fácil olvidar...
Fui con Jack, y le conté lo de Chris y Sharon.
-No puedo creerlo-resopló Jack-. Pero ella sabe que... bueno, lo tuyo. ¿No?
-Sí-suspiré-. Pero ahora le ha dado por decir que no se lo cree. ¿Por qué le habrá pedido salir Chris?
-Quizá para darte celos.
-No sé... puede ser. Pero tal vez le gusta de verdad.
Me quedé pensando. Si Chris estaba con otra, no podía hacerle daño saliendo con Jack, y tampoco podía considerarlo una opción para mí, puestoi que estaba con Sharon. Entonces, ¿qué me impedía salir con Jack en serio? Absolutamente nada.
Le comuniqué lo que pensaba, aun sabiendo que quizá no debería decírselo tan a la ligera.
-Jack... creo que, si Chris no quiere estar conmigo, es que ya no puedo hacerle daño. Y si no le hago daño saliendo contigo, ¿por qué no iba a hacerlo?
Él sonrió ante mi razonamiento. Supuse que le sonaba tan estúpido como a mí misma, pero que lo aceptaba. Se acercó a mí, y yo me removí, nerviosa. ¿Pensaría en Chris mientras besaba a Jack? ¿Pensaría en Sharon con Chris? ¿O pensaría en...?
-Deja de pensar-me dijo Jack, dándose cuenta de lo que ocurría.
El beso fue rápido, y no me dejó pensar en nada. No hubo Chris, ni Sharon. Sólo una J, unida a una A, y a una C, y a una K...
-Eres tú-dije, tratando de convencerme a mí misma de ello.
-Lo sé-murmuró. Sin duda, no lo había dicho todo lo bajo que debería, y Jack había creído que era una declaración formal...
Nos quedamos allí en silencio. En algún rincón de mi mente, estaba imaginando lo que debían estar haciendo Chris y Sharon en aquellos momentos, y luché con todas mis fuerzas para no dejar salir al exterior esos pensamientos.
-Pero es que... no importa. Tienes que ser tú. Lo demás son imposibles, y soñar estupideces es mucho menos real que vivir algo real.
-Está claro que eres buena como novelista-rió él.
-Sí, es lo que tiene pasar el día escribiendo-resoplé yo.
En aquel momento pasaron por delante de nosotros Chris y Sharon, charlando. Chris no me mirba; Sharon lo hacía de reojo, sintiéndose algo culpable por nuestra pelea de la mañana.
-Allí están-suspiré yo.
-Tu imposible favorito-ironizó él-. Se nota a la legua que está por ella, por tu amiga. Pensaba que podían ser celos, pero está claro que es ella quien le gusta.
-¿En serio?-no pude evitar sentirme mal por sus palabras. ¿Tan pronto creía Jack que me acostumbraría a verlos juntos como para decirme eso?
-Sí-suspiró Jack-. Lo mejor es que te olvides de él.
-Supongo... que tienes razón. En realidad, nunca debí pensar en él.
En el fondo, muy en el fondo, no sentía realmente lo que decía.
Chris había dejado huella; no tardaría tan poco en desvanecerse, por mucho que yo quisiera.
sábado, 27 de agosto de 2011
Capítulo 20: ¿Por qué?
-¿Quedamos esta tarde?-le pregunté a Sharon.
-No puedo, lo siento.
No hubiera dicho nada más de no haber sido por su sonrisa, el leve rubor de sus mejillas y sus ojos brillantes. Sabía que escondía algo, y no quería quedarme sin saberlo: era algo bueno, sin lugar a dudas.
-¿Qué ha pasado?-dije con una sonrisilla.
-Nada, nada...
-¡Va, Sharon, dímelo! ¡No me puedes dejar con la intriga!
Sharon sonrió, aún más ruborizada.
-Vale, vale... Es que... Voy a salir con Chris.
Me quedé callada. No entendí lo que quería decir con salir. ¿Chris y Sharon? ¿Desde cuándo se... hablaban siquiera?
-¿Y cómo no me lo has dicho? ¿De qué quiere hablar contigo?-le pregunté con curiosidad-. Bueno, si te dice algo sobre mí, ya sabes: no salgo con Jack, somos amigos, sigo sin decidirme... Jack mismo se lo confirmará.
La dureza de los ojos de Sharon hizo que dejara de hablar.
-Al parecer olvidas-me espetó-que soy una chica como tú. Chris quiere que salgamos. Él y yo. No quiere hablar de ti.
-Oh-respondí yo, aturdida-. Claro, claro. Sólo pensaba que... ¿por qué sales con él?
-Me gusta. Y además, todo eso de que no te decides es mentira. Te gusta Jack. Y a Chris le gusto yo. Punto.
No me sentía muy bien en esos momentos. Apenas escuchaba a Sharon.
Ella no era un ligue más de Chris... ella era mi mejor amiga, y lo sabía todo en cuanto a Chris y a mí.
¿Por qué ella, precisamente, me hacía esto?
lunes, 27 de junio de 2011
Personajes
Hola!!
Había olvidado que no he puesto los personajes de la nueva novela!! Mi amiga Carol tiene una especie de página con fotos, y hay tantas de personas que es casi un deber poner algunas de ellas en los personajes.
Vale, estas son las fotos, la página de personajes la retoco luego:
Courtney

Chris
Había olvidado que no he puesto los personajes de la nueva novela!! Mi amiga Carol tiene una especie de página con fotos, y hay tantas de personas que es casi un deber poner algunas de ellas en los personajes.
Vale, estas son las fotos, la página de personajes la retoco luego:
Courtney

Chris
Jack
Sharon
Kath
Bueno, estos son! ¿Qué os parecen?
domingo, 19 de junio de 2011
Capítulo 12: Chris
Chris y yo habíamos sido muy buenos amigos. Los mejores del mundo. Nos conocíamos desde pequeños, y siempre estábamos juntos. Algunas tardes, él venía a casa, otras iba yo a la suya. En parvulario decíamos que nos íbamos a casar. Cuando él comenzó a decir "las chicas dan asco", se refería a todas menos a mí. Conmigo seguía jugando, más incluso que con sus amigos.
Nos lo contábamos todo. Él me decía si se había enfadado con tal o cual persona, si sus padres le habían reñido por las notas... Yo siempre le consolaba, tratando de usar la imaginación para ello. Fue con él con quien comencé a escribir. Le contaba historias que no se harían jamás realidad, pero ambos disfrutábamos soñando con ellas.
El problema comenzó cuando nos hicimos algo más mayores. La adolescencia nunca es buena para un chico y una chica que siempre han sido amigos; en uno u otro momento, sus intereses cambian, o su forma de ver las cosas. Cambian los amigos. Cambia el ambiente. Cambian ellos mismos.
Eso fue lo que ocurrió conmigo.
Chris ya no me parecía el amigo que siempre fue; ahora le veía con otros ojos. Se me disparaba el pulso cuando me daba un abrazo, me sentía aliviada al verle llegar a mi casa para recogerme, andando con el mismo paso lento y absorto de siempre. Se paraba ante la fachada de mi casa, miraba hacia mi ventana y sonreía al verme mirándole. Alguna vez me había llamado en voz alta: "¡Eh, Julieta! ¿No bajas?" Si hubiera sabido el valor que aquellos comentarios sin importancia tenían para mí, quizá no hubiera dicho nada. Y así, mis esperanzas no se habrían roto todas de golpe.
A mí, él me defendía siempre. Cuando un chico me tiraba del pelo o me quitaba el almuerzo a la hora del recreo, él se acercaba y trataba de convencer al atacante, con buenas palabras, de que me dejara en paz. Si las palabras no servían, Chris conocía otros métodos de persuasión. Al cabo de un tiempo, una palabra amable de Chris conseguía mantener la paz. Semanas después, la paz se mantenía sola, y yo ya no necesitaba la defensa.
El problema comenzó al hacernos mayores.
-Estás cambiado-le dije, un día en que estábamos sentados en los sofás de mi casa, callados, sumidos en nuestros pensamientos.
-Tú también-respondió él.
-No es cierto. Yo contigo estoy igual que siempre-me defendí.
Era cierto que Chris había cambiado. Ahora pasaba todo el tiempo con sus amigos, salía de noche y no regresaba hasta la mañana siguiente, fastidiaba a niños más pequeños que él y se dedicaba a fumar, aunque yo sabía bien que no le gustaba el sabor del tabaco. Algunas veces trataba de invitarme a las fiestas a las que iba, o me intentaba convencer para que saliera con sus amigos y con él, junto con sus nuevas amigas. Yo me negaba rotundamente. No me gustaba el aspecto de los amigos de Chris, ni el de sus fiestas. A sus amigas ni me acercaba; desconfiaba de ellas más que de nadie.
Aun así, no era del todo cierto que yo siguiera igual. Desde hacía un tiempo, cuando estaba a su lado no podía evitar notar el color brillante y almendrado de sus ojos castaños, como si se concentrara en ellos pasión e inseguridad al mismo tiempo, el centelleo de su sonrisa al recordar algo divertido, su siempre interesante conversación. Todo era distinto, ahora, aunque al mismo tiempo, exactamente igual que antes. Sin darme cuenta, comenzaba a imaginar historias que yo sabía que jamás ocurrirían; traté de sacármelas de la cabeza, pero me fue imposible. Las historias volvían, una y otra vez, en sueños o cuando estaba despierta, con el tirón irresistible de la irrealidad.
Sin embargo, yo nunca dije nada. Él no parecía sentir lo mismo; estaba segura de que no lo sentía en absoluto. La gente nos asediaba constantemente con rumores, como si, al crecer, nuestra amistad hubiera de convertirse en algo más o desaparecer para siempre. Chris siempre decía que no había nada... yo callaba.
Un día, Chris apareció en el colegio acompañado de una de sus "amigas", Sidney Wilcox. Aquel día no me había pasado a recoger como siempre, y tuve que ir sola al instituto. Cuando llegué, y vi la mano de Sidney entrelazada con la de Chris, lo comprendí todo.
Comprendí que Chris y yo no iríamos juntos al instituto nunca más.
Comprendí que él nunca había sentido lo mismo.
Comprendí que, si salía con Sidney, era para alejarse de mí.
Y sentí como si un montón de rocas cayeran todas de golpe en mi estómago. Al cabo de unos meses, éstas se convirtieron en simple gravilla: ya no la sentía, pero, de vez en cuando, un leve dolor me recordaba que seguía ahí, en alguna parte.
Pasó medio año. Chris y yo no nos dijimos una sola palabra en todo aquel tiempo. Él rompió al cabo de poco con Sidney, pero tras ella vinieron muchas otras, y casi todas de la clase: Emma, Laura, Bethany, Kylie... Se sucedían sin fin. Algunas eran de nuestra edad, otras de uno o dos años menos. Él les pedía salir, y todas sin excepción aceptaban. Aunque me convencía de que le odiaba y de que jamás me había gustado en realidad, en el fondo pugnaba por saber si yo sería la siguiente chica de su lista.
Entonces fue cuando mis padres tuvieron el accidente que acabó con su vida. Yo no quería comer, ni hablar de ello con Sharon-que, por entonces, comenzaba a ser mi mejor amiga-o con mi tío Matthew, mi tutor tras la muerte de mis padres, ni tampoco dormir; desde luego, ni hablaba de ir al colegio. Permanecía encerrada en la habitación de invitados de la casa de mi tío y me empeñaba en pensar que seguía en mi cuarto, con mis padres al fondo del pasillo. Me sentía culpable por no haberme despedido, vacía y sola. La pena me desgarraba por dentro, y yo la odiaba, porque era como una muestra de que mis padres habían muerto, y de que no podía hacer nada por evitarlo.
Sin embargo, no lloré ni una sola vez, hasta el día del funeral.
lunes, 13 de junio de 2011
Capítulo 11: Jack... y Christian
-¿Qué hacíais?-preguntó Jack, intentando sonar natural.
-Hablábamos-contestó rápidamente Kath-. Supongo que imaginas sobre qué.
-Lo imagino, sí-me sonrió, pero no le devolví la sonrisa-. ¿Y... qué tal?
-Perfectamente-dijo ella, cogiéndole la mano, pero me dirigió una mirada culpable, de reojo, y se apartó.
-No, no te preocupes-conseguí decir yo-. No hace falta que os molesteis. Lo de Jack y yo se acabó, ¿no? Haced lo que queráis.
-Pero, Courtney...-dijo Kath, que parecía realmente apenada-. No puedo creer que no te importe nada. ¿Estás segura de lo que dices? No quiero sentirme... bueno, culpable. Debería odiarte, pero sabiendo que no lo hiciste a posta, no puedo.
Miré a Jack a los ojos, decidida.
-No me importa, de verdad. Fue una tontería que hicimos en verano, y en eso quedó. Cada uno por su lado. Es lo mejor para vosotros, y desde luego para mí. En el fondo, cada vez nos da más igual. A los dos.
La mirada de Jack me hizo recordar el tiempo pasado, en que sus ojos eran cálidos y siempre reían, acompañando a sus labios. Ahora sólo expresaban confusión. Una confusión repugnante, amenazadora, que se cernía sobre mí como una nube negra. Pero la confusión no significaba nada para mí; estaba claro por quién debía decantarse. Si no, a pesar de mis palabras, hubiera dejado a Kath, por buenos amigos que fueran. Ninguno de ellos merecía dejar de ser feliz por mi culpa. Bueno, Jack sí lo merecía. Pero ya estaba sufriendo lo suficiente con aquella situación como para que yo sintiera deseos de planear una venganza.
Como fuera... un verano no podía competir con diecisiete años de relación continuada.
Suspiré.
-He de irme a casa-dije-. Ya nos veremos.
-Lo siento, Court-susrró Jack.
-Eso es evidente-mascullé mientras me alejaba, con sarcasmo, de forma que ninguno de los dos, o quizá sólo Jack, pudiera oírme.
Sharon me esperaba a la salida del instituto.
-¿Qué tal ha ido?
-Genial-ironicé-. La novia de Jack es majísima y perfecta, me ha pedido que no vuelva a hablarle a su chico y yo he aceptado. Entonces ha aparecido Jack, le he dicho que entre nosotros ya no había nada, y él, quedándose con Kath, me ha dicho que lo sentía. La mejor charla de mi vida, en resumen. ¿Y tú, qué tal?
Sharon sonrió.
-Bastante mejor, y sin líos amorosos, por el momento. Aunque estoy en camino de ponerte peor las cosas. Me he enterado de algo... relativo a ti.
-¿Qué es esta vez?-le pregunté.
-Recordarás a Christian Lewis, ¿no?
-Si va a mi clase, ¿cómo no voy a recordarle?-gruñí. Ahora sólo me faltaba Chris, el siempre inoportuno Chris.
-Ya sabes a qué me refiero-resopló mi amiga-. ¿Lo recuerdas, o no?
-Claro que sí. ¿Qué pasa con eso?
-Pues... ha estado hablando de ti. Y de la entrevista.
Abrí desmesuradamente los ojos. No quería oír lo que venía a continuación, aunque ya lo supiera.
-¿Y?
-Todos dicen que es él... tu "Jay". Y... él también lo cree.
Bajé la mirada al suelo. Hundí los hombros, y se me escapó un pequeño suspiro al recordar a Chris.
domingo, 12 de junio de 2011
Capítulo 10: Conversación
Tenía que hablar con Jack, o con Kath, a las malas. Tenía que saber por qué Kath me odiaba, aun sin conocerme. Era cierto que yo tampoco le tenía mucho aprecio, pero ¿se suponía que Jack le había contado quién era yo? Es decir, a mí tanto me daba que me lo dijera, porque estaba enfadada con él de antemano. Pero ¿a su novia? Era algo honesto; sin embargo, debería significar el fin inminente de la relación, y yo los había visto en una actitud que no dejaba lugar a dudas... No entendía nada. Comprendía que no debería meterme en aquellos asuntos, pero necesitaba saberlo. Mi curiosidad ganaba por goleada a mi vergüenza.
En cuanto sonó el timbre de fin de las clases, me dirigí con paso vacilante hacia la clase de Jack. Observé por la parte acristalada de la puerta. Todavía no habían terminado. Casualmente, mi mirada se cruzó con la de Kath Sommers, que de pronto le dijo algo al profesor y salió del aula.
-¿Qué haces aquí?-me preguntó, algo desdeñosa.
Si sabía quién era yo y mi relación con Jack, tenía todo el derecho a despreciarme...
-Estar-respondí, sin embargo.
-Mira, si crees que no sé lo tuyo con Jack, estás muy equivocada. Él no sabía lo que hacía cuando salió contigo. Por eso me lo ha contado, supongo. No digo que tú seas mala chica ni nada de eso, pero... él y yo estamos muy enamorados. No me dejaría por cualquiera. Le he perdonado, ya que todos nos equivocamos alguna vez. No quiero enfadarme contigo, ya que ni siquiera te conozco, pero he de pedirte, por favor, que te alejes de él. Lo que sucede una vez siempre puede volver a suceder. Y no te lo pediría si fuerais amigos, pero como veo que no os habláis, imagino que no representará un esfuerzo muy grande.
Estaba algo aturdida por su aplastante discurso. Tenía razón en todo, en realidad. Aunque cuando había empezado a hablar me había enfurecido, ahora la comprendía. Yo era aquella chica que le había quitado el novio. Tenía derecho a estar enfadada, y se había portado muy bien conmigo considerando las circunstancias, aunque yo no tuviera la culpa de nada, en el fondo, porque nunca supe lo de Jack con Kath. Si hubiera sabido lo de ellos dos, no habría respondido al flirteo del chico... ¿o sí lo habría hecho? Suspiré. Todo aquello era parte del pasado, y en cualquier caso, nunca sabría mi reacción de haber sido otras las circunstancias en que transcurrió aquel verano.
Llegó el momento de que yo hablara.
-Creo que tienes razón, Kath, y no sabes cuánto siento lo ocurrido. Te prometo que yo no sabía que salíais juntos, no me enteré de ello hasta ayer. Y cuando me lo dijo... sí, reconozco que sentí envidia, celos, pero no ha cambiado nada. Desde que terminó el verano, no hay nada entre Jack y yo, por lo que no se me hará difícil alejarme de él.
Vaya una mentira más grande. Desde luego que sería difícil. Me había costado no hablarle en tanto tiempo, y cuando me lo explicó todo, creí que podríamos arreglar las cosas... Pero yo misma había decidido que no podía estar con Jack si él era, al mismo tiempo, de otra chica, y además, arreglar las cosas significaba eliminar a Kath. Ella no se merecía eso. Yo no hubiera querido que me hicieran algo así si tuviera novio, y menos si hubiera tenido con él la relación que Jack y Kath tenían.
En el momento en que pronunciaba las palabras "no se me hará difícil alejarme de él" y pasaban por mi mente todos aquellos pensamientos, apareció Jack por la puerta. Me observó con unos ojos dolidos que indicaban que sabía de lo que estaba hablando. Quise negarlo, quise abrazarle y hacer desaparecer a la chica que, cumpliendo sus sueños, me había privado de los míos.
Los sueños son solo eso... sueños.
Por ello no llegué a negar nada, ni siquiera rocé a Jack; simplemente, miré a Kath y esperé su reacción.
sábado, 11 de junio de 2011
Capítulo 9: Búsqueda
-¿Quién debe ser Kath?-le pregunté a Sharon.
Nos fuimos al pasillo en la pausa entre clases para intentar comparar opiniones.
-Pregúntale a Jack-sonrió ella.
-Sí, y luego me tiro de un puente. ¡Vamos, Sharon!
-Vale, vale. ¿Por qué no hablas con alguno de su curso y le preguntas? Dile que tienes que darle algo. Aunque ¡espera! Realmente, soy tonta. Tengo el anuario en la mochila: busquémosla.
Entramos en clase y cogimos el anuario de Sharon. Pasamos las páginas hasta llegar al curso de Jack, y pronto encontramos en su clase a dos Kaths.
Una era morena, de ojos castaños y pestañas espesas, nariz recta con algunas pecas en su piel oscurecida por el sol, labios finos que se curvaban en una sonrisa cándida y llena de vida. Su pelo era castaño y liso, hasta el pecho.
-¡Mierda!-mascullé yo.
-¿Qué pasa?-me preguntó Sharon, sorprendida.
-Es guapa y parece buena chica, tal como dijo Jack. Ni siquiera tiene un grano o unos ojos que oculten un brillo malvado.
-Bueno, puede que no sea ella, sino esta otra-respondió mi amiga, señalando la fotografía de la otra Kath con el dedo índice.
Estaba también relativamente morena, aunque no tanto como la otra. Su pelo era negro, con los extremos rizados, cayéndole por la espalda, y un pequeño rizo rebelde en la frente. Sus ojos, de un negro profundo, tenían un brillo de simpatía y diversión. La pequeña nariz respingona y los labios gruesos, ocultando a medias unos dientes blanquísimos, completaban su fisonomía de aspecto travieso, como de niña pequeña.
-No tengo ni idea de cuál de las dos puede ser-dije, dándome por vencida.
-Yo creo que es Kath Sommers-dijo Sharon, señalando a la Kath de cabellos lisos y castaños.
-Pero la otra, Kath... Willis, puede ser ella perfectamente.
Sharon me indicó que mirase al fondo del pasillo con un gesto vacilante:
-Bueno... creo que eso solo puede hacerlo la Kath que dice Jack; y es Kath Sommers.
Miré hacia donde me decía.
Al fondo, Kath Sommers estaba abrazando a Jack, con la cabeza apoyada en su hombro. Él le acariciaba el pelo y le decía algo que no alcancé a oír.
Jack no me vio.
Pero Kath sí, y la mirada asesina que me lanzó fue suficiente como para quitarme todas las dudas que me quedaban respecto a si era ella la Kath que buscaba.
jueves, 9 de junio de 2011
Capítulo 8: Celos
-Entonces, ¿se acabó? ¿Vas a rendirte así, tan pronto?
Sharon me observaba exasperada mientras le contaba lo de Jack. Hasta el día en que Jack le habló de mí, se había mostrado muy escéptica respecto a "lo nuestro", pero ahora me creía plenamente.
Las dos miramos hacia Jack, que estaba en un rincón del patio, charlando con una chica de cabello rojo como el fuego, liso y largo, y unos ojos azules que destacaban incluso en la distancia. De vez en cuando se reían a carcajadas.
Quisiera admitirlo o no, me molestaba que Jack se hubiera tomado mis palabras tan a pecho... ¡podría esperar a que yo no estuviera delante, hombre! Claro que todo era fruto de la charla del día anterior, de lo que yo le había dicho. Era lo que en el fondo quería, porque no quería sufrir más, pero... tampoco quería separarme de él. Estaba harta de aquella inestabilidad de mis sentimientos y deseos. ¿Es que nunca tendría un objetivo fijo?
Sonó el timbre y nos fuimos a clase de nuevo. En el pasillo, me choqué con Jack, que parecía haberse puesto ahí a propósito.
-Perdona-mascullé, tratando de seguir mi camino.
Él me agarró del brazo y me miró a los ojos, sonriendo:
-¿Estás totalmente segura de que quieres seguir con el trato de ayer?
-¿Me lo dices precisamente después de flirtear con Kath?-exclamé yo, enfadada.
-Lo sabía...
-¿El qué?
-En primer lugar, Kath es mi novia, y no puedo flirtear con ella porque ya salimos juntos, ¿de qué serviría tratar de demostrarle que me gusta? Es lógico. Y en segundo... ésa no era Kath, sino una amiga. Pero está claro que nos has estado observando. Alguien está celosooo...-canturreó él.
-No es verdad, ¿vale?-balbucí yo, indignada pero avergonzada al mismo tiempo-. Tengo clase, déjame pasar.
-Sí, claro. Hablaremos-se despidió él.
-No.
miércoles, 8 de junio de 2011
Capítulo 7: La quieres a ella
-La verdad es que ya salíamos antes del verano, Courtney.
Yo escuchaba callada su confesión, mientras Jack me contaba la historia entre Kath y él mismo. Una historia preciosa... La voz de Jack me la relataba por teléfono.
-Nos conocemos desde los tres años. Siempre hemos sido muy amigos, desde niños. Si tenía un problema, sabía que podía contárselo. Siempre tiene la palabra adecuada para cada momento. Es como una hermana para mí.
Yo seguía en silencio. Esa confesión me traía dos recuerdos a la memoria: el primero me hacía pensar que yo había creído parecerme a su hermana... y ahora resultaba que su hermana era la viva imagen de Kath. No lo entendía. Quizá veía a Kath como a una hermana mayor, y a mí como a Sophie, su hermana pequeña. El otro recuerdo era sobre algo que no quería mencionar: un amigo parecido que tuve yo una vez... Pero no, no debía pensar en ello. Estaba olvidado.
Por lo demás, ¿qué me importaba a mí lo que hiciera esa chica? La odiaba sin conocerla. No quería saber nada de ella.
-Va a mi curso; es realmente una gran persona, pero...
-¿Qué?
-Pero has aparecido tú.
-Ya, pero a ti te gusta ella-tragué saliva para formularle la pregunta más importante que quería hacerle-: ¿Te sigue gustando? Si no, no saldríais, ¿verdad?
Se hizo el silencio de nuevo, y al final respondió, con un suspiro:
-La verdad es que no lo sé. No estoy seguro de nada. Lo que sé es que quiero estar contigo, pero no quiero dejar de estar con ella.
-Si lo que propones es un trío, puedes ir olvidándolo.
-¡No seas tonta, Courtney! Aunque yo quisiera-que no es así-no solucionaría nada. Es que tú eres tan... tan parecida a mí. Es como si pudieras entender hasta mi más mínima reacción. Ella en cambio, no es igual. Me conoce profundamente por haber estado conmigo tantos años, y siempre me escucha. Pero somos totalmente distintos.
-Genial. Dicen que los opuestos se atraen-ironicé yo, secamente.
-Pues parece que a mí me atraen los opuestos y los iguales-se rió él.
-Ya. Yo creo que lo que pasa es que la prefieres a ella porque es mayor, y posiblemente más guapa que yo, la niñata de catorce años.
Me sentía como una envidiosa niña pequeña que peleaba con otra por la atención de la profesora de párvulos.
Jack resopló bruscamente:
-¿En serio es eso lo que te importa? Quiero decir, influye, pero... En fin, que las dos sois muy guapas. ¿Contenta?
-Claro.
Me quedé pensando en aquella estéril conversación. Nada de aquello cambiaba la realidad. Me serené y le dije:
-Mira, Jack, tú sientes lo mismo por dos chicas, pero lo cierto es que yo sólo siento esto por ti. Y si tú no sientes lo mismo, no creo que, aunque tuviéramos algo, saliera bien.
-Pero...
-No, Jack. Lo digo por el bien de los dos, y lo sabes. Tú, en el fondo, a quien quieres es a Kath; piénsalo. Llevas con ella toda la vida. Yo soy una chica del verano; pero soy una persona, al fin y al cabo, una persona a quien ya han hecho demasiado daño. Es mejor, incluso, que no volvamos a hablarnos. Sería malo para ti, y para mí; no quiero estar sufriendo por un chico que sale con otra.
-Vamos, Courtney, yo...
-Tú a mí no me quieres, y no hay más que hablar. Simplemente te gusto, te intereso... lo que sea. En verano, las cosas se ven desde otra perspectiva, eso es todo-le interrumpí.
-No es por el verano-rebatió él.
-Te lo estoy poniendo fácil, Jack: sal con Kath. Punto.
Le colgué el teléfono, porque podía prever que las lágrimas iban a estar acompañándome el resto de la noche. Lloré como una magdalena durante horas. Ansié que mi madre entrase, me acariciase el cabello, mientras yo me desahogaba contándoselo todo...
Por desgracia, era algo que mamá no volvería a hacer.
lunes, 6 de junio de 2011
Capítulo 6: ¿Hay otra?
Aquella tarde, al llegar a mi casa, volví a sumirme en el recuerdo. Mi tío no había llegado de trabajar aún, lo que era una ventaja, puesto que no tenía que fingir alegría ante él, ni tampoco hablar de mi novela, del marketing y de las ventas, cosa que en otro momento me hubiera interesado, pero no en aquel.
-Vamos, Courtney, no es tan difícil-me alentaba Jack, con voz animosa.
Yo todavía estaba esperando que se rindiera, pero no parecía que fuera a hacerlo.
Respiré hondo, y volví a cargarme de energía. Llevaba toda la tarde intentándolo, durante horas. Había visto el sol, bastante cerca del centro del cielo, ir declinando poco a poco, hasta que ahora estaba ya casi en el horizonte, y sólo veía la mitad del disco. Hubiera pensado que era algo perdidamente romántico si no estuviera tan cansada. Estaba claro que el surf no era lo mío, aunque sí fuera lo de Jack.
-Una última vez-me suplicó.
Asentí con la cabeza. Aunque fuera la última vez en la vida, quería hacerlo bien. No tanto por Jack, como por mí misma. Llevaba todo el día intentándolo. Estaba harta. Quería dejarlo. Pero no pensaba rendirme hasta conseguirlo, y me daba igual tener que seguir intentándolo hasta que comenzara el curso.
Nadé con la tabla de surf bajo mi cuerpo, alejándome unos metros de la orilla. Esperé a la ola propicia, y cuando se presentó, impulsé mis brazos, nadando con todas mis fuerzas. Todo eso lo había hecho antes. Me senté en la tabla y seguí impulsándome, y entonces, cuando ya estaba "dentro" de la ola, intenté levantarme, temiéndome lo peor.
Sin saber cómo, mis pies estaban sobre la tabla, y mi cabeza, erguida como el resto de mi cuerpo, surcando el oleaje. Me sentí como la reina del océano, con el viento en la cara y enredándose en mis cabellos rubios, y las salpicaduras de agua salada en mis piernas y mi espalda. Llegué hasta la orilla, medio ladeada.
-¡Bravo, Courtney!-gritó Jack, corriendo hacia mí. En su entusiasmo, dio un traspiés y cayó encima de la tabla, cerca mío.
Me acerqué a él rápidamente.
-¡Vaya trompazo! ¿Estás bien?-le pregunté, algo preocupada.
-Claro que sí... Sophie.
-Vale, creo que la caída de ha trastornado-dije yo, echándole agua del mar por la cara para reanimarlo.
-No, no-rió él, quitándose el agua del rostro-. Sophie es como se llamaba mi... ya sabes, mi hermana pequeña. Es que te pareces tantísimo a ella...
-Bueno, es un placer sustituir a Sophie-sonreí yo.
-En realidad, sólo hay una cosa en la que no te pareces-dijo él.
-¿Y en q...?-no pude terminar la pregunta, porque su cara estaba de pronto muy cerca de la mía, y antes que me diera cuenta sus labios y los míos estaban juntos.
Nos separamos al cabo de poco, y nos quedamos tumbados, mirando al cielo que comenzaba a cubrirse de luminosas y minúsculas estrellas, cada uno sumido en sus pensamientos.
De tanto recordar, me quedé dormida, a pesar de lo temprano de la hora. Me desperté a las diez y media de la noche, cuando sonó mi móvil. Lo cogí sin mirar quién era.
-Sí-dije con voz somnolienta.
-Hola, Court. ¿Podemos hablar?
Me quedé un momento en silencio, sin dar crédito a lo que oía.
-Claro, ahora las conversaciones son por teléfono. En la calle podrían vernos... Jack en su estilo más puro, ¿no?
-Vamos, Courtney. Si quieres, quedamos en algún sitio, pero no creo que te dejen salir ahora, siendo miércoles...
Volví a mirar la hora, ya que se me había olvidado. Gruñí. El muy idiota de Jack tenía razón; mi tío habría llegado ya, y no me dejaría salir si no era por un motivo especial. Desde luego, el que me viera con un chico se consideraba un motivo especial... especialmente malo.
-¿Qué quieres?-le pregunté, enfadada. Casi podía ver cómo se dibujaba una sonrisa burlona en sus labios, si es que no la había esbozado desde el principio.
-Quiero hablar. Hablar contigo de lo que pasó.
-¿Lo que pasó? Lo que pasó está muy claro, Jack. Pasamos un verano increíble, lleno de mentiras por tu parte e ingenuidad por la mía, y volvimos al colegio. Me dejaste de hablar, me di cuenta de lo estúpida que había sido al pensar que yo te importaba lo más mínimo, y fin de la historia-lo solté todo de golpe, sin pararme ni a respirar. Todavía había un montón de cosas que quería decirle: lo mucho que lo había echado de menos, lo que lo había necesitado en momentos de nostalgia, las veces que había recordado el verano... lo muchísimo que todavía le quería, y lo enfadada que estaba porque, a pesar de todo, no lograba odiarle, ni siquiera sentirme indiferente.
-No, Courtney, no fue así-dijo él.
-¿Ah, no? Y entonces, explícame, ¿por qué me dejaste de hablar en cuanto volvimos al colegio? ¿Te divertía, o algo así? ¿Era una especie de juego que se acaba en cuanto tu nombre es posible objetivo de una revista para adolescentes?-le espeté con rabia.
-¿En serio crees que todo fue eso? ¿Una simple diversión?-me preguntó Jack con tono dolido.
-Eso es lo que parece.
-Pues te lo parecerá a ti, Courtney. Es todo mucho más complicado que eso, ¿no lo entiendes? Yo... me gustas. Aún me gustas, a pesar del tiempo que ya ha pasado. Y aunque no te haya hablado en todo este tiempo, sí te he visto, riendo con tus amigas, contándoles a los alumnos detalles de tu novela, secretos irrevelables. He leído lo que has escrito, he visto tus entrevistas y tus apariciones en televisión. No quería hacerlo, pero lo hice.
-¿Y por qué? Tú no querías hacerlo. Supongo que en verano te pareció bien salir conmigo, cuando no había más chicas en ese pueblo muerto, pero al llegar al instituto te diste cuenta de que tus amigos...
-¿Quieres dejar a mis amigos en paz? Ellos no tienen nada que ver con esto. Y tú no fuiste una diversión en la que me fijé al no haber más posibilidades. Pero es cierto; intenté olvidarte, aunque las razones sean distintas a las que crees. No es por mi reputación, Courtney; tenía que olvidarte, tenía que hacerlo por todos los medios.
Me quedé callada, meditando sus palabras. Y, poco a poco, las piezas del puzzle empezaron a encajar en mi cerebro con pasmosa facilidad: de pronto lo entendía todo. Absolutamente todo.
-Hay otra chica.
Jack tardó unos segundos en responder.
-Sí.
domingo, 5 de junio de 2011
Capítulo 5: Encuentro en el colegio
-¡Court! ¡Courtney!-me llamó Sharon.
La observé, preguntándome qué querría. Le había dejado claro que no era el día idóneo para hablar. Esperaba que fuera algo importante.
-¿Qué?
-He hablado con... Jack-dijo ella, sin aliento, por haber corrido hasta mí.
Abrí los ojos desorbitadamente.
-¿Cómo?
-Sí, bueno, él... yo no sabía quién era, es decir, sé perfectamente quién es Jack Stevens, como todo el mundo, y todavía más porque él y tú... bueno, pero nunca nos habíamos hablado hasta ahora, ya lo sabes. Por eso estaba flipando, y más cuando me ha comenzado a decir...
-¿Qué? ¿Qué te ha dicho?-le pregunté con curiosidad.
-Me ha preguntado si era amiga tuya. Y dice que quiere hablar contigo. Esta tarde, fuera del colegio, en...
Suspiré. Otra vez "fuera del colegio". Todo por su maldita reputación. Si sus amigos se enteraban de que hablaba con una enana, aunque fuera la que había escrito la novela y se había forrado, perdería esa reputación. Pues que se fastidiara. Si tenía que mandarla a la porra, lo haría, y si no le gustaba, mejor.
-Voy a verle ahora mismo.
Le busqué en el lugar donde solía estar con sus amigos. Ellos estaban ahí, pero él no estaba entre ellos. Le encontré fumando en los lavabos. Su sola imagen, con el cigarrillo en la mano, bastó para que de nuevo se disparasen los recuerdos.
-¿Fumas?-le pregunté, arrugando la nariz al oler el humo-. ¡Qué asco!
Seguía estando ante Jack Stevens, pero ahora era simplemente Jack. Él sonrió y formó pequeñas volutas de humo, que subieron hacia el cielo azul de agosto.
-Sí que fumo. ¿Es que no sabes que esto es un pitillo?
-Bueno, fumabas. Ahora ya no-reí yo, tirándole el cigarrillo al suelo de un manotazo.
-¡Eh! ¡Que son caros!
-Otra razón para no fumar, puesto que aquello de que mata a la gente no te sirve-volví a reír, y el me empujó en broma.
Había pasado sólo una semana, pero al estar juntos casi todo el tiempo, nos conocíamos cada vez mejor. No había nada que hacer en aquel pueblo, excepto ir a la playa y hablar, hablar mucho, así que nos dedicábamos a eso. Me sentía bien estando con él. Ya no era por su fama de perfecto ligón, sino porque a su lado todo era distinto... era especial.
-¿Y qué quieres hacer hoy?-me preguntó, recostándose en la pared. Tuve que reconocer que estaba... en fin, que estaba buenísimo.
-Podemos ir a la playa o... ¡ir a la playa! ¿Qué prefieres?
Se rió y se subió a la moto.
-¿Sabes hacer surf?
-No...
-Entonces, ya sé lo que vamos a hacer hoy.
-¿Sabes que te pareces a esos dibujos animados de Phineas y Ferb?
-Tú calla y sube a la moto.
-¡Courtney! ¿Qué haces aquí?-exclamó Jack, soltando el cigarrillo y apagándolo de un pisotón.
-Lo siento por hablarte en el colegio, a la vista de todos-ironicé, plantándome ante él y desterrando los recuerdos de mi mente.
-No es por...-comenzó él.
-Mira, me da igual. Sólo vengo a decirte que no pienso ir a hablar contigo de esa estúpida revista, y menos si me hablas a través de mis amigas y encima exiges una hora y un lugar, en vez de venir tú solo a decirme lo que tengas que decir, como cualquier chico normal.
Me di la vuelta y me alejé altivamente, pero me detuvo una sola frase suya.
-Jay también tiene una moto.
Me giré de nuevo hacia él.
-¿Qué has dicho?
-Jay, el protagonista de tu novela. Tiene una moto. Es como la mía.
-¿Lo has leído?
-Es bueno-sonrió.
-Me da igual lo que pienses-mentí. Después de todo, contenía parte de nuestra historia.
-¿Ya te lo han dicho tanto como para que se te suban los humos?-se rió.
-¡Anda, cállate, Stevens!-le empujé en broma.
Por un momento parecía que hubiéramos vuelto al verano... y eso me bastó para volver a tomar conciencia de mis actos.
-Adiós-dije fríamente, y me fui.
-Pero, Courtney...
Preferí no responderle. Volví con Sharon, que, adivinando en mi expresión que no había ido bien la charla, al menos para mí, me abrazó con fuerza.
Sonreí para mis adentros, pensando que Sharon era una de esas amigas de verdad a las que se refería Jack cuando hablamos de eso en verano.
martes, 31 de mayo de 2011
Capítulo 4: Primer día de verano
-¡Courtney! ¡Eh!-llamó Jack, y llegó hasta mí, jadeando-. Eres Courtney, ¿no? De tercero.
Al verle venir, había pensado que veía alucinaciones. ¿Qué hacía Jack Stevens, uno de los chicos más enrollados de primero de bachillerato, en aquel aburrido pueblo? Me sorprendió todavía más que me llamara, y por mi nombre. Nos llevábamos dos años y el instituto estaba lleno de chicas enamoradas de él.
-Hola, Jack. ¿También veraneas aquí?-sonreí, colocándome la melena rubia sin poder evitarlo. Sabía que era mi principal atractivo, y, al fin y al cabo, ¡estaba ante Jack Stevens!
-Parece que somos las únicas personas jóvenes en este pueblo-bromeó él.
-Sí... los únicos que han sobrevivido al aburrimiento, más bien-me reí-. Al menos, nos queda la playa.
El rostro de Jack se iluminó.
-¡No me digas que hay una playa!
-Claro. ¿Es el primer año que vienes? Porque cualquier persona de los 25 para abajo sabe que el único modo de sobrevivir aquí es yendo a la playa diariamente.
-Sí, nunca había venido antes. Mis padres me han arrastrado hasta aquí para que "respiremos aire puro"-bufó-. En fin, ¿por qué no vamos? Te llevo en moto.
-Eh...
No sabía si a mis padres les gustaría la idea de que me fuera con ese chico, no porque no fuera de fiar, sino porque apenas le conocía, por no decir nada. Claro que la opinión de mis padres, en realidad, no contaba. Ellos habían muerto en un accidente de tráfico hacía un par de años. Pero siempre contaba con ellos antes de tomar cualquier decisión, como si todavía vivieran. Me gustaba pensar que seguían conmigo, que me vigilaban desde allá arriba.
En el pueblo, era mi tío, ahora mi tutor legal, quien cuidaba de mí. Estaba segura de que no le importaría que me fuera con un chico de la escuela a la playa, que estaba muy cerca. Y mis padres... creo que querrían que conociera a gente en aquel pueblo muerto.
-Vamos.
Me subí a su moto y él arrancó dándole gas. Me sentía como una reina, con los brazos en torno a la ancha cintura de Jack y el cabello ondeándome al viento, libre de un casco protector. El olor a sal fue llenando el aire poco a poco, y al doblar una esquina vimos aparecer el mar, como un infinito amasijo de centelleantes zafiros, ante nosotros.
-Uau-oí murmurar a Jack, y me gustó aquella reacción.
Bajamos de la moto y corrimos hasta el mar. Todavía recuerdo cómo íbamos vestidos, pisando la arena ardiente con fuerza. Él llevaba un bañador a cuadros azules y blancos, a modo de pantalón, y una camiseta blanca con el logo de algún club deportivo. Yo iba con shorts vaqueros y una camiseta olímpica de color amarillo plátano.
Nos paramos ante las olas y él se lanzó al agua tras quitarse la camiseta. Le seguí, todavía sin poder creerme mi suerte, quedándome en bañador, que siempre llevaba bajo la ropa, ya que me iba a la playa cada vez que no podía más con el pueblo solitario, es decir, cada cinco minutos. Mi amiga Sharon iba a morir de envidia cuando lo supiera...
-¿Vienes aquí todos los veranos?-preguntó él.
-Sí... bueno, desde que mis padres murieron-le dije. Todo el colegio sabía que era huérfana.
-Oh, es verdad... Lo sentí mucho cuando me enteré del accidente. Y bueno... ¿lo vas superando? Sé que el primer año es el más duro, porque todo el tiempo quieres volver a estar con la persona a la que has perdido, pero el segundo... ya sabes, es menos complicado. Te acostumbras.
Le miré sorprendida.
-¿Perdiste a alguien?-le pregunté. Obviamente era así, tras el discurso que me había soltado y que plasmaba a la perfección mis sentimientos.
-Hace ocho años... a mi hermana pequeña. Un cáncer maligno.
-Lo siento mucho... pero es agradable ver a alguien que no se va corriendo cuando le cuentas cosas como ésta.
-Sí, todos se largan, o cambian bruscamente de tema, cuando tú necesitas hablar de ello. Ahí se descubren a los que son los verdaderos amigos. Los otros, apenas te hablan cuando te sucede la desgracia, cuando los necesitas.
Seguimos hablando de lo fastidiosas que podían llegar a ser las reacciones de la gente en cuanto a ese tema. Lo que nunca habíamos podido comentar antes, ahora nos descubríamos hablando de ello con total tranquilidad y confianza. Como viejos amigos que no éramos. Salimos del agua y nos sentamos al sol, en la arena, mientras continuábamos charlando, hasta que el horizonte comenzó a oscurecerse tras una ardiente puesta de sol.
-Perdona, guapa...-la voz estridente de una anciana me devolvió a la realidad-. ¿No es muy tarde para estar fuera de casa?
Miré hacia el cielo, que estaba ya poblado de estrellas. La anciana se asustó al ver mis ojos llenos de lágrimas, y me dejó sola, mientras yo seguía llorando.
Lloré por mis padres, por la hermanita de Jack, por tantas personas perdidas.
Y lloré también por mí misma.
Porque había perdido a alguien.
Otra vez.
lunes, 30 de mayo de 2011
Capítulo 3: Confesión
Aquella tarde di un paseo por la ciudad, pensando en el problema. A pesar de lo que había dicho Sharon, dudaba que todo quedase olvidado. Ahora todo el mundo me preguntaría lo mismo, y yo nunca podría responder, ni siquiera mentir, porque todo se paraba cuando pensaba en él.
De prontó, me choqué contra otro paseante. Le miré a los ojos, distraída, y vi ese brillo en sus ojos. El corazón me dio un vuelco que incluía vuelta de campana con triple tirabuzón, pero me las arreglé para hablarle:
-Lo... siento-aunque me refería a haber chocado con él, hubiera podido servir por hacerle salir en aquel programa de televisión. Claro que nadie sabía que era él, pero estaba segura de que él mismo tenía sus sospechas.
Él no contestó, y yo seguí andando. Las manos me temblaban de puro sobresalto. Me llamó cuando ya me alejaba.
-¡Eh! ¡Espera!
Rogando que me tragara la tierra, volví sobre mis pasos. Sabía de sobra de lo que quería hablarme.
-He visto la revista...-comenzó, confirmando lo que yo pensaba.
-Ah-de mis labios no escaparía siquiera un suspiro, y menos una palabra relacionada con el tema. Estaba decidido.
-Y... ¿quién es? ¿O era?
-A ti te lo voy a contar-resoplé, enfadada.
-Me importa, ya lo sabes.
-Pues no, no lo sabía.
-Ahora sí-sonrió él, pero la sonrisa se borró de su rostro al ver que yo seguía impasible.
No podía soportarlo más, estar delante de él, recordando todo el dolor que me había causado, y no decir absolutamente nada sobre lo que habíamos sido. ¿Qué mas daba que lo supiera? Alguien se enteraría tarde o temprano, y entonces correría a contárselo a él. Además, ya sabía que él era el chico. No tenía nada que esconder.
Le miré con los ojos llenos de lágrimas.
-Pues sí, eras tú. ¿Qué, ya estás contento?-le grité, y me fui corriendo antes de que respondiera.
Corrí hasta dar con un parque que parecía solitario, y me dejé caer en un banco, el más alejado que encontré. De nuevo, como tantas veces aquel curso, mi mente se dejó llevar por el recuerdo, y me trasladé con la imaginación al último verano...
domingo, 29 de mayo de 2011
Capítulo 2: Lo sabe
Silencio total en el plató. Parecía que no muchos habían oído mi respuesta, pero el presentador se encargó de hacerlo público:
-Así que lo hubo... ¿quién fue, Courtney? ¿Del instituto o de fuera? ¿Puedes decirme su nombre? Vamos, ¡dilo!-el presentador pretendía ser jocoso, pero a mí me resultó aterrador.
Mi mirada se dirigió a las cámaras, que reproducían a millones de personas cada gesto mío. Estaba atrapada. Mantuve un rotundo silencio.
-Dilo, ¡venga! Vamos, Courtney-dijeron algunos espectadores, animándome. Pero sólo pretendían irrumpir en mi vida privada, y no iba a permitirlo.
Entonces saqué fuerza de donde no la tenía y, sonriendo misteriosamente, respondí:
-Tendréis que adivinarlo.
Lo dije como una broma, para hacerles olvidar el incidente y pasar a otra cosa, pero no fue así. Aquello no era el instituto, sino el duro mundo de la prensa y sociedad. ¿Cómo podía saber que aquella frase mía suscitaría tanta curiosidad? No lo imaginé cuando terminó el programa y me fui a casa tras presenciar la bronca de mi agente al presentador. No lo imaginé cuando charlé sobre ello con mi amiga Sharon. No lo imaginé, tampoco, cuando fui a la escuela el día siguiente.
Comencé a intuirlo al llegar allí.
-¿Quién es, Courtney?-me preguntó Mia, una chica con cara de conejo.
-¿Quién es quién?-pregunté.
Ella me mostró "TeenTrends", la revista más leída por los adolescentes del momento. Y quién aparecía en primera plana? Yo, con el presentador del programa al que había ido, y una leyenda: "¿Encontraremos al Jay de Courtney?" Se referían al protagonista de mi novela. Jay y Jess, la pareja perfecta. Tenía envidia de unos personajes de mi imaginación, pero ¿quién no la tendría? Lo malo de convertirse en una escritora de un best-seller adolescente era que todo el mundo se enteraba de tus secretos.
Mis compañeros de clase danzaban y reían a mi alrededor, preguntando todo el tiempo quién era aquel chico sobre el que había hablado en el programa de televisión la noche anterior. Me senté en mi pupitre, sintiéndome mareada, y noté cómo la mano de Sharon estrechaba la mía con fuerza.
-Tranquila, Court-me susurró-. Todo se arreglará pronto.
La miré agradecida. Sharon era la mejor amiga que cualquier chica podría pedir.
Y sin embargo, al momento siguiente ya no pensaba en Sharon...
Porque él estaba ante la puerta de mi clase. Él, con sus ojos castaños, clavados en los míos con una fuerza devastadora. Sentí que el mundo se congelaba, y las risas de mis compañeros fueron sólo un sonido de fondo. Porque en aquel momento en el mundo sólo existíamos él y yo, nuestros ojos sosteniendo ambas miradas, y un pasado lleno de recuerdos felices.
Lo sabía.
Estaba segura.
domingo, 15 de mayo de 2011
Capítulo 1: La entrevista...
Esta historia comienza donde terminan las demás. Ese feliz momento que proporciona el último beso, el te quiero final, ¿quién dice que no puede verse quebrado a menudo por circunstancias adversas, tras el fin de la historia escrita?
Mi historia es así.
Y empieza aquí.
A veces, tu vida da un giro inesperado que hace que las cosas vayan a mejor. Consigues lo que deseas, lo que deseabas desde hacía tanto tiempo. Pero te acostumbras a ser el hijo mayor de la Fortuna, y cuando la suerte te vuelve la espalda, no te queda nada a lo que aferrarte. Por eso, he aprendido a no fiarme de los golpes de milagrosa suerte, porque normalmente concluyen en algo peor de lo que era el principio.
Toda mi suerte comenzó con un libro. En realidad, hubo magia y amor antes de aquel libro, pero la fortuna me abandonó cuando más la necesitaba. Así que mi suerte volvió con esa novela. No era un libro cualquiera: lo había escrito yo. Y eso, a mi edad, no es tan normal como pueda resultar en la edad adulta.
Mi novela estaba compuesta por sueños, esperanzas y sentimientos. Cosas que no me habían ocurrido, y suponía que jamás me iban a ocurrir. Por eso las plasmaba en mi fantasía, para dejarlo todo enterrado en tinta y papel. Lo había hecho varias veces antes; sin embargo, esta vez no resultó.
Esto se debió al orgullo, que me impelió a mostrar mi creación al mundo; y, por desgracia, al mundo le gustó demasiado. En poco tiempo la novela en la que se camuflaban todos mis pensamientos saltó a la fama, y con ella, yo.
Al principio no acusaba el cambio, ya que sólo se interesaba por mí la gente cercana a mi círculo de amistades. Pero luego llegó la publicación, y el patrocinio, y el problema... Fue por un programa de televisión. Fui para patrocinar la novela, pues el programa era seguido por millones de espectadores: craso error. Todos mis conocidos lo vieron. Lo vio el mundo entero. Y fue aquella pregunta del presentador-que, impulsado por la curiosidad, se salió del guion- la que lo provocó todo.
-Dinos, Courtney, ¿hay algún chico de tus sueños en la vida real? ¿Como el de Jess?-se refería a la protagonista de mi novela.
Al principio me quedé callada. Debí haber respondido con una sonrisa enigmática, o con una mirada reprensiva, o con un rotundo "no", y sin embargo, eso no fue lo que escapó de mis labios:
-Lo hubo.
lunes, 2 de mayo de 2011
Capítulo 5: Encuentro en el colegio
-¡Court! ¡Courtney!-me llamó Sharon.
La observé, preguntándome qué querría. Le había dejado claro que no era el día idóneo para hablar. Esperaba que fuera algo importante.
-¿Qué?
-He hablado con... Jack-dijo ella, sin aliento, por haber corrido hasta mí.
Abrí los ojos desorbitadamente.
-¿Cómo?
-Sí, bueno, él... yo no sabía quién era, es decir, sé perfectamente quién es Jack Stevens, como todo el mundo, y todavía más porque él y tú... bueno, pero nunca nos habíamos hablado hasta ahora, ya lo sabes. Por eso estaba flipando, y más cuando me ha comenzado a decir...
-¿Qué? ¿Qué te ha dicho?-le pregunté con curiosidad.
-Me ha preguntado si era amiga tuya. Y dice que quiere hablar contigo. Esta tarde, fuera del colegio, en...
Suspiré. Otra vez "fuera del colegio". Todo por su maldita reputación. Si sus amigos se enteraban de que hablaba con una enana, aunque fuera la que había escrito la novela y se había forrado, perdería esa reputación. Pues que se fastidiara. Si tenía que mandarla a la porra, lo haría, y si no le gustaba, mejor.
-Voy a verle ahora mismo.
Le busqué en el lugar donde solía estar con sus amigos. Ellos estaban ahí, pero él no estaba entre ellos. Le encontré fumando en los lavabos. Su sola imagen, con el cigarrillo en la mano, bastó para que de nuevo se disparasen los recuerdos.
-¿Fumas?-le pregunté, arrugando la nariz al oler el humo-. ¡Qué asco!
Seguía estando ante Jack Stevens, pero ahora era simplemente Jack. Él sonrió y formó pequeñas volutas de humo, que subieron hacia el cielo azul de agosto.
-Sí que fumo. ¿Es que no sabes que esto es un pitillo?
-Bueno, fumabas. Ahora ya no-reí yo, tirándole el cigarrillo al suelo de un manotazo.
-¡Eh! ¡Que son caros!
-Otra razón para no fumar, puesto que aquello de que mata a la gente no te sirve-volví a reír, y el me empujó en broma.
Había pasado sólo una semana, pero al estar juntos casi todo el tiempo, nos conocíamos cada vez mejor. No había nada que hacer en aquel pueblo, excepto ir a la playa y hablar, hablar mucho, así que nos dedicábamos a eso. Me sentía bien estando con él. Ya no era por su fama de perfecto ligón, sino porque a su lado todo era distinto... era especial.
-¿Y qué quieres hacer hoy?-me preguntó, recostándose en la pared. Tuve que reconocer que estaba... en fin, que estaba buenísimo.
-Podemos ir a la playa o... ¡ir a la playa! ¿Qué prefieres?
Se rió y se subió a la moto.
-¿Sabes hacer surf?
-No...
-Entonces, ya sé lo que vamos a hacer hoy.
-¿Sabes que te pareces a esos dibujos animados de Phineas y Ferb?
-Tú calla y sube a la moto.
-¡Courtney! ¿Qué haces aquí?-exclamó Jack, soltando el cigarrillo y apagándolo de un pisotón.
-Lo siento por hablarte en el colegio, a la vista de todos-ironicé, plantándome ante él y desterrando los recuerdos de mi mente.
-No es por...-comenzó él.
-Mira, me da igual. Sólo vengo a decirte que no pienso ir a hablar contigo de esa estúpida revista, y menos si me hablas a través de mis amigas y encima exiges una hora y un lugar, en vez de venir tú solo a decirme lo que tengas que decir, como cualquier chico normal.
Me di la vuelta y me alejé altivamente, pero me detuvo una sola frase suya.
-Jay también tiene una moto.
Me giré de nuevo hacia él.
-¿Qué has dicho?
-Jay, el protagonista de tu novela. Tiene una moto. Es como la mía.
-¿Lo has leído?
-Es bueno-sonrió.
-Me da igual lo que pienses-mentí. Después de todo, contenía parte de nuestra historia.
-¿Ya te lo han dicho tanto como para que se te suban los humos?-se rió.
-¡Anda, cállate, Stevens!-le empujé en broma.
Por un momento parecía que hubiéramos vuelto al verano... y eso me bastó para volver a tomar conciencia de mis actos.
-Adiós-dije fríamente, y me fui.
-Pero, Courtney...
Preferí no responderle. Volví con Sharon, que, adivinando en mi expresión que no había ido bien la charla, al menos para mí, me abrazó con fuerza.
Sonreí para mis adentros, pensando que Sharon era una de esas amigas de verdad a las que se refería Jack cuando hablamos de eso en verano.
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